El índice de precios se ubicó en el foco del debate. La decisión del Gobierno de postergar el cambio de metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuya implementación había sido anunciada en octubre, derivó en la renuncia del director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), Marco Lavagna, y su reemplazo por Pedro Lines. Todo esto reabrió la discusión sobre la medición del índice de precios, incluso con impacto en los mercados por la implicancia que tiene la evolución inflacionaria en algunos bonos.
Si bien el ministro de Economía, Luis Caputo, estimó que la inflación del primer mes del año estará cerca del 2,5%, el dato oficial será difundido este martes, según el calendario de difusión del organismo estadístico.
El eje del ajuste del indicador estaba puesto en la canasta de referencia. Actualmente, el IPC continúa utilizando las ponderaciones de la encuesta de hogares 2004/2005, que iban a ser actualizadas por las correspondientes a 2017/2018. “El cambio no es neutro: la nueva canasta incrementa el peso relativo de los servicios en 5,1 puntos porcentuales (la encuesta se realizó luego de una recomposición tarifaria que llevó a los servicios a máximos históricos en términos reales) y reduce la participación de rubros como alimentos en 4,3 puntos”, señala un informe difundido por GMA Capital.
La postergación no resulta casual. El Gobierno busca avanzar primero en una reconfiguración del esquema de subsidios: el sistema de segmentación en tres categorías sería reemplazado por uno más simple, con sólo dos grupos (usuarios con y sin subsidio), donde únicamente los subsidiados quedarían sujetos a un tope de consumo con tarifa bonificada, sostiene Nery Persichini, Head of Research & Strategy de GMA. En paralelo, se eliminarían programas específicos, como zona fría, redefiniendo el mapa tarifario antes de actualizar la canasta del IPC.
Y el impacto no es menor. Según esa firma, las nuevas actualizaciones tarifarias, vigentes desde el 1 de febrero, implicarían subas promedio del 16,8% en el caso del gas y del 3,6% en electricidad (28% sin bonificaciones). En términos inflacionarios, el ajuste sumaría alrededor de 0,5 punto al IPC con la metodología vigente, impacto que ascendería a cerca de 0,7 punto bajo la nueva canasta.
Más allá del capítulo tarifario, el cambio metodológico no implicaría, en principio, una modificación significativa en la medición del IPC. “Con la nueva canasta, la inflación de 2025 habría sido de 32,6%, frente al 31,5% registrado con la metodología vigente. En ese marco, el ministro Caputo señaló que el Gobierno avanzará en una nueva Encuesta de Hogares que permita actualizar la medición. La reacción del mercado fue acotada, en línea con la lectura de que el cambio no alteraría sustancialmente el sendero inflacionario”, subraya el reporte al que accedió LA GACETA.
Las expectativas
En este contexto, el Banco Central difundió el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que volvió a mostrar un ajuste al alza en el panorama de precios. El consenso de mercado ubica ahora la inflación de este año en 22,4%, mientras que el “top 10” entre los analistas la eleva a 24,5%. En el presupuesto vigente, la administración del presidente Javier Milei había previsto un reajuste anual del 10,1%.
Los alimentos marcan el ritmo de los precios durante este mesEn el corto plazo, las expectativas también se reordenaron. Según el REM, para enero, la inflación mensual esperada se ubicó en 2,4%, y para febrero en 2,1%, reforzando la señal de mayor persistencia inflacionaria. En la misma línea, las proyecciones para la núcleo convergieron al 2,4% para el mes, reflejando nuevamente una aceleración y confirmando que el proceso de desinflación enfrenta más fricciones de las previstas. En contraste, el frente nominal mostró un ajuste menor en el tipo de cambio. La mediana del REM situó al dólar en $ 1.475 para febrero y en torno a $ 1.750 para fin de año, sugiriendo que el mercado sigue descontando un sendero cambiario más contenido aun con inflación más elevada.
¿Qué dejó enero para el proceso de remonetización?La prioridad del Gobierno es bajas las expectativas inflacionarias en un período de reapertura de paritarias y de reacomodamiento de algunos precios de la economía.
La desaceleración: ¿qué espera el Gobierno y que proyecta el mercado para este año?
Al cierre del año pasado, el presidente Javier Milei prometió que, hacia fines de agosto próximo, la inflación en la Argentina será cero. “Para mitad del año que viene o agosto, la inflación va a pasar a ser de cero coma algo, seguro va a empezar con cero”, había expresado Milei al participar del streaming oficialista Carajo. En el medio, el Poder Ejecutivo tuvo que posponer la nueva forma de medirla y, ahora, se estima que esa renovada metodología se aplicará a partir del octavo mes, una vez que se observe el proceso de desaceleración. Mientras tanto, los analistas del mercado y las consultoras privadas proyectan que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mantendrá una tendencia a la baja llegando a julio a una tasa del 1,5%, de acuerdo con el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), que mensualmente difunde el Banco Central. El próximo informe del Indec, que corresponde a enero, vendrá sin cambio de metodología.